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(Asunto Telma Ortiz vs. Medios de comunicación)

Cuando Víctor Jara cantaba urbi et orbe aquello de El derecho de vivir en paz, «paz» era lo contrario de «guerra». Poco podía imaginar Víctor que, superado aquel momento de tan precaria estabilidad política, vendría otro en el que a algunas personas, en países de primera velocidad, inmersos en la sociedad del bienestar y teóricamente libres y democráticos, se les negaría el derecho de vivir en paz.

Últimamente he tratado con alguna Celebrity extranjera, que me refiere su espanto ante la situación de persecución que se padece en España, tanto por supuestos periodistas, como por «espontáneos» que se les abalanzan y abrazan mientras el acompañante hace una foto con el móvil, y además se forma cola en el local para repetir la operación. Esto, que he tenido el dudoso placer de ver, es una falta de respeto brutal hacia las personas, que son totalmente cosificados por el mero hecho de ser Artistas. Por esta razón, pese a que a la gente le enloquece España, son bastante reacios a venir, y por esto también algunos españoles se ven obligados al autoexilio, para poder simplemente pasear por la calle, tomarse un aperitivo, comprar el periódico o ir de compras, como cualquier otra persona.

Si cabe un caso peor, es el de quien se ve en esta situación sin comerlo ni beberlo, simplemente porque alguien de su familia alcanza fama o notoriedad y de la noche a la mañana le brota un teleobjetivo del cogote, a modo de cazador permanentemente apostado esperando el mínimo desliz de su presa para someterla al escarnio público, a ella y a su familiar famoso. Dicho esto, y puesto que se trata de un foro jurídico, os daré brevemente mi opinión (sometida a cualquier otra mejor fundada en Derecho) sobre el caso «Telma Ortiz vs. Medios de comunicación».

En cuanto al fondo, encuentro desacertada la línea argumental de que T.O. tiene una faceta pública en actos en los que aparece junto a su hermana, y una faceta privada en el resto de su vida. Telma Ortiz no puede ser considerada un personaje público por el mero hecho de que su hermana se haya casado con el Príncipe de Asturias. Es decir, no opera ninguna dualidad, bicefalia o esquizofrenia en la naturaleza de la demandante, doble naturaleza que ciertamente la Ley no recoge, sino, simplemente, la excepción recogida en el art. 8, 2, c) de la Ley Orgánica 1/82, de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y a la propia imagen,

« Artículo Octavo.-

Dos. En particular, el derecho a la propia imagen no impedirá:

c.- La información gráfica sobre un suceso o acaecimiento público cuando la imagen de una persona determinada aparezca como meramente accesoria.

Es decir:

T.O. es una persona privada, y por lo tanto, nadie tiene derecho a captar su imagen, salvo, acogiéndose a la excepción del art. 82.c), cuando sea accesoria en un acontecimiento público. Por poner un ejemplo, es exactamente el mismo caso que si fotografían a Servidora en la Cibeles celebrando el pase a semifinales de la Selección, o entrando en un estreno de cine, justo cuando paso junto al protagonista. Pensar lo contrario, es decir, que un hecho voluntario de otra persona, totalmente fuera de nuestro libre albedrío implique automáticamente una expropiación de derechos fundamentales, es inconstitucional, ilegal, injusto e inhumano.

– En cualquier caso, lo anterior va referido al derecho de imagen, que tiene que ser así, porque de otra manera se impediría la labor de la prensa gráfica, y el derecho a la información sobre el suceso principal del que la persona en cuestión es imagen accesoria, pero en ningún caso se puede extender al derecho a la intimidad ni al derecho al honor, que se trata de derechos distintos, independientes y autónomos, aunque habitualmente se suelen confundir. Es decir: la infracción del derecho a la intimidad de T.O. y de su derecho al honor no están amparados por ninguna excepción legal.

Y de aquí precisamente surge una cuestión fundamental, cual es la correcta determinación de los derechos infringidos, lo que probablemente no se ha desglosado suficientemente en el pleito que comentamos. Me refería un día una persona que sufrió idéntico problema al de T.O. que la tortura auténtica no era tal o cual foto en determinada revista, sino el hecho de esa foto tenía detrás días y noches de vigilancia. La tortura es sentirte vigilada 24 horas al día, y no poder hacer cosas que cualquier persona joven normal haría, como irte de copas y llegar tarde, que vaya un amigo a tu casa a ver el fútbol, quedar a solas con un hombre, aunque sea tu íntimo amigo del cole, etc., etc., etc….

Esta persona me contaba que realmente sólo hacía una décima parte de las cosas que solía hacer antes de verse forzosamente «sacada del armario» sin tener arte ni parte. Ni siquiera salía a pasear con su niña por el barrio, porque el fotógrafo de turno directamente se iba detrás de ellas, y, aparte de estar a disgusto, tenía mucho miedo de que sucediera algo, cualquier mínima cosa, que pudiera perjudicar a su famosa pariente.

Yo creo que esto excede del derecho a la intimidad y del derecho a la propia imagen, y ataca frontalmente a la propia libertad humana, infringiendo de plano, al menos el art. 10 de la Constitución, en cuanto consagra La dignidad de la persona y el libre desarrollo de la personalidad.

No está de más, plantear subsidiariamente, para el caso en que el argumento principal sea desestimado, y T.O. fuera considerada un personaje público, la aplicación de la Doctrina Hannover vs. Alemania, creada en Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de 24 de septiembre de 2004, en la que el Tribunal concede amparo a Carolina Grimaldi-Hannover desglosando las dos facetas de su vida, pública y privada, y afirmando que no debe soportar intromisiones en esta última. Si bien opino que en una demanda no se debe dejar pasar la mención a esta doctrina, creo que debe ser de manera subsidiaria, con la finalidad de llegar en vía de recurso ante dicha alta Instancia europea, porque con la poca sensibilidad que hay en la judicatura española hacia estas cuestiones, es bastante impensable que esto llegue a triunfar en España, para empezar porque no es exactamente acorde a la letra de nuestra Ley, la famosa Ley Orgánica 1/1982.

En la forma del pleito no quiero entrar, porque no me apetece hacer juicios de valor sobre el trabajo de compañeros cuando probablemente hayan usado su más leal saber y entender… simplemente, una crítica a la actuación del órgano judicial, quien, en mi modesta opinión, no debió nunca haber entrado al fondo del asunto, porque había razones formales más que suficientes para fundamentar la desestimación, y, la verdad, flaco favor le ha hecho a T.O., al poder haberle producido para el futuro una excepción de cosa juzgada material que puede pesar como una losa…. no sé si habrá sido por afán de protagonismo, o por qué razón, pero, la verdad, creo que lo correcto habría sido desestimar por defecto formal en el modo de proponer, y punto-pelota.

Mucha suerte Telma, de todo corazón, aunque no creo que llegados a este punto procesal lo tengas fácil. Tal vez, puesto que se ha recurrido la resolución, la mejor vía sea seguir el despropósito hasta conseguir una resolución que pueda ser objeto de recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos…. pero, sinceramente, no lo veo claro.

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